Invitatorio
Notas
- Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén. - El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
- Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Himno
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Notas
- Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
- Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
- Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
- Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
- Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Himno
¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!
Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!
Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!
Cristo es nuestra esperanza
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!
Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!
¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya! Amén.
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!
Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!
Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!
Cristo es nuestra esperanza
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!
Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!
¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya! Amén.
Salmodia
Antífona 1: Ant 1. Dad gracias al Señor; sólo él hizo grandes maravillas. Aleluya
Salmo 135
I
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.
Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.
Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.
Antífona 2: Sacó a Israel de Egipto: porque es eterna su misericordia. Aleluya
II
Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.
porque es eterna su misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.
Antífona 3: El Señor nos libró de nuestros opresores. Aleluya
III
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.
Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.
En heredad a Israel su siervo:
porque es eterna su misericordia.
En nuestra humillación, se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.
porque es eterna su misericordia.
Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.
En heredad a Israel su siervo:
porque es eterna su misericordia.
En nuestra humillación, se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.
Versículo
V. Dios nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Aleluya.
R. Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Aleluya.
Lecturas
Primera Lectura
De los Hechos de los apóstoles 3, 12-4, 4
DISCURSO DE PEDRO SOBRE LA GLORIFICACIÓN DE JESÚS
En aquellos días, Pedro dirigió al pueblo este discurso: «Hombres de Israel, ¿a qué
sorprenderos por lo ocurrido? ¿A qué viene el mirarnos tanto, como si el haber hecho
andar a este hombre hubiese sido por nuestro poder o por nuestra virtud? El Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a Jesús, su
siervo, a quien vosotros entregasteis a la muerte y reprobasteis en el tribunal de Pilato,
después que éste había decidido dejarlo en libertad. Vosotros rechazasteis al santo y al
justo y, en cambio, pedisteis que se os dejara en libertad a un asesino. Disteis muerte al
autor de la vida, pero Dios lo ha resucitado de entre los muertos; nosotros somos testigos
de ello. Y a este hombre, que vosotros veis y conocéis, él le ha dado energía y vitalidad,
por haber tenido fe; es, pues, la fe, que de él viene, la que lo ha restablecido totalmente
ante vuestros mismos ojos.
Ahora bien, hermanos, ya sé que habéis obrado con ignorancia, lo mismo que vuestros
jefes. Pero, de este modo, Dios ha dado cumplimiento a lo que ya antes había anunciado
por boca de todos los profetas: la pasión de su Mesías. Por lo tanto, arrepentíos y
convertíos, para que se borren vuestros pecados; así llegarán de parte del Señor los
tiempos de la consolación mesiánica, y él os enviará a Jesús, a quien predestinó y
constituyó Mesías para vuestra salud. Él debe quedar en el cielo hasta los tiempos de la
restauración de todas las cosas, de la que Dios habló, ya desde muy antiguo, por boca de
sus santos profetas. Y así, por una parte, dijo Moisés: "El Señor, vuestro Dios, suscitará de
entre vuestros hermanos un profeta, como me suscitó a mí; daréis oídos a cuanto os
dijere. Todo aquel que no escuchare a este profeta será exterminado del pueblo." Por otra
parte, los demás profetas a partir de Samuel, todos cuantos profetizaron, dieron también
uno tras otro el anuncio de estos días.
Vosotros sois hijos de los profetas y de la alianza que estableció Dios con vuestros
padres, cuando dijo a Abraham: "En tu descendencia serán bendecidas todas las naciones
de la tierra." Para vosotros en primer lugar, para vuestra salud, suscitó Dios a su siervo y
os lo envió para que os colmara de bendiciones, a la vez que os apartara a todos de
vuestras maldades.»
Mientras hablaban ellos al pueblo, se presentaron los sacerdotes, el prefecto del
templo y los saduceos. Todos estos llevaron muy a mal el que estuvieran enseñando al
pueblo y anunciando que la resurrección de los muertos se había verificado en Jesús. Los
apresaron y los metieron en la cárcel hasta la mañana siguiente, porque era ya tarde.
Muchos de los que habían escuchado el discurso abrazaron la fe; su número llegó a unos
cinco mil hombres.
Responsorio Hch 3, 18-19; Is 53, 12b
R. Dios ha dado cumplimiento a lo que ya antes había anunciado por boca de todos los
profetas: la pasión de su Mesías. * Por lo tanto, arrepentíos y convertíos, para que se
borren vuestros pecados. Aleluya.
V. Él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.
R. Por lo tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados. Aleluya.
Segunda Lectura
De las Catequesis de Cirilo de Jerusalén
(Catequesis 21 [Mistagógica 3],1-3: PG 33,1087-1091)
LA UNCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
Bautizados en Cristo y revestidos de Cristo, habéis sido hechos semejantes al Hijo de
Dios. Porque Dios nos predestinó para la adopción, nos hizo conformes al cuerpo glorioso
de Cristo. Hechos, por tanto, partícipes de Cristo, (que significa Ungido), con toda razón
os llamáis ungidos y Dios mismo dijo de vosotros: No toquéis a mis ungidos.
Fuisteis convertidos en Cristo al recibir el signo del Espíritu Santo: pues con relación a
vosotros todo se realizó en símbolo e imagen; en definitiva, sois imagen de Cristo.
Por cierto que él, cuando fue bautizado en el río Jordán comunicó a las aguas el
fragante perfume de su divinidad y, al salir de ellas, el Espíritu Santo descendió
substancialmente sobre él como un igual sobre su igual.
Igualmente vosotros, después que subisteis de la piscina, recibisteis el crisma, signo de
aquel mismo Espíritu Santo con el que Cristo fue ungido. De este Espíritu decía el profeta
Isaías en una profecía relativa a sí mismo pero en cuanto que representaba al Señor: El
Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para dar
la buena noticia a los que sufren.
Cristo, en efecto, no fue ungido por los hombres, su unción no se hizo con óleo o
ungüento material, sino que fue el Padre quien lo ungió al constituirlo Salvador del mundo,
y su unción fue el Espíritu Santo tal como dice san Pedro: Jesús de Nazaret, ungido por
Dios con la fuerza del Espíritu Santo, y anuncia también el profeta David: Tu trono, oh
Dios, permanece para siempre; cetro de rectitud es tu cetro real. Has amado la justicia y
odiado la impiedad: por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre
todos tus compañeros.
Cristo fue ungido con el aceite espiritual de júbilo, es decir, con el Espíritu Santo, que
se llama aceite de júbilo, porque es el autor y la fuente de toda alegría espiritual, pero
vosotros, al ser ungidos con ungüento material, habéis sido hechos partícipes y consortes
del mismo Cristo.
Por lo demás no se te ocurra pensar que se trata de un simple y común ungüento.
Pues, de la misma manera que, después de la invocación del Espíritu Santo, el pan de la
Eucaristía no es ya un simple pan, sino el cuerpo de Cristo, así aquel sagrado aceite,
después de que ha sido invocado el Espíritu en la oración consecratoria, no es ya un
simple aceite ni un ungüento común, sino el don de Cristo y del Espíritu Santo, ya que
realiza, por la presencia de la divinidad, aquello que significa. Por eso, este ungüento se
aplica simbólicamente sobre la frente y los demás sentidos, para que mientras se unge el
cuerpo con un aceite visible, el alma quede santificada por el santo y vivificante Espíritu.
Responsorio Ef 1, 13b-14; 2 Co 1, 21b-22
R. Al abrazar la fe, habéis sido sellados con el sello del Espíritu Santo prometido, prenda
de nuestra herencia, * para la redención del pueblo que Dios adquirió para sí. Aleluya.
V. Dios nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda
suya, el Espíritu.
R. Para la redención del pueblo que Dios adquirió para sí. Aleluya.
Himno Te Deum
- Himno 1
Te Deum
Versión españolaA ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,
te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día
has de venir como juez.
Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
[La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.]
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.
Te Deum
Versión latinoamericanaSeñor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.
[La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.]
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalo por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
Te Deum Laudamus
Versión en latínTe Deum laudámus: * te Dóminum confitémur.
Te aetérnum Patrem, * omnis terra venerátur.
Tibi omnes ángeli, * tibi caeli et univérsae potestátes:
tibi chérubim et séraphim * incessábili voce proclámant:
Sanctus, * Sanctus, * Sanctus * Dóminus Deus Sábaoth.
Pleni sunt caeli et terra * maiestátis glóriae tuae.
Te gloriósus * apostolórum chorus,
te prophetárum * laudábilis númerus,
te mártyrum candidátus * laudat exércitus.
Te per orbem terrárum * sancta confitétur Ecclésia,
Patrem * imménsae maiestátis;
venerándum tuum verum * et únicum Fílium;
Sanctum quoque * Paráclitum Spíritum.
Tu rex glóriae, * Christe.
Tu Patris * sempitérnus es Fílius.
Tu, ad liberándum susceptúrus hóminem, *
non horruísti Vírginis úterum.
Tu, devícto mortis acúleo, *
aperuísti credéntibus regna caelórum.
Tu ad déxteram Dei sedes, * in glória Patris.
Iudex créderis * esse ventúrus.
Te ergo quaésumus, tuis fámulis súbveni, *
quos pretióso sánguine redemísti.
Aetérna fac cum Sanctis tuis * in glória numerári.
[Lo que sigue puede omitirse]
Salvum fac pópulum tuum Dómine, *
et bénedic haereditáti tuae.
Et rege eos, * et extólle illos usque in aetérnum.
Per síngulos dies, * benedícimus te;
et laudámus nomen tuum in saéculum, *
et in saéculum saéculi.
Dignáre, Dómine, die isto, * sine peccáto nos custodíre.
Miserére nostri, Dómine, * miserére nostri.
Fiat misericórdia tua, Dómine, super nos, *
quemádmodum sperávimus in te.
In te, Dómine, sperávi: * non confúndar in aetérnum.Oración
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que por el misterio pascual has restablecido tu alianza con los
hombres, concédenos realizar en la vida cuanto celebramos en la fe. Por nuestro Señor
Jesucristo.
hombres, concédenos realizar en la vida cuanto celebramos en la fe. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Amén.
Conclusión
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
R. Demos gracias a Dios.
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